martes, 18 de octubre de 2016
lunes, 10 de octubre de 2016
El
valor de la amistad
Esteban es un niño de seis años,
muy lindo y juguetón, pero tiene un problema
y, es que a la hora de compartir con otros compañeros le es muy difícil.
Cuando llega la hora del descanso
él se queda solo en una esquina pensando en porque siempre está fuera del grupo
de sus compañeros, un día una niña se le acercó y le dijo que si quería jugar
con ella pero el bruscamente le grito que no. La niña asustada salió corriendo
para el salón. Él en ese momento entendió que hizo mal pero sin embargo no le
importo. Un compañero del salón que siempre lo veía solo en la misma esquina se
sentó al lado de él y le dijo no dejes que tu soledad te abruma y lastimes a
otras personas, el niño bajo la cabeza y quedó en silencio mientras el
compañero se levantó entro al salón de la niña y le pidió disculpa por su
´´amigo´.
A
la mañana siguiente el niño salió del salón y se sentó en la esquina de
siempre, después de cinco minutos llegaron los compañeros del día anterior y se
hicieron al lado de él. Una lagrima rodo en su mejilla y solo dijo una cosa
gracias…… La niña con cara de asombro le
pregunto porque lloras? El niño con un nudo en la garganta dijo porque me
siento feliz al saber que no estoy solo.
La lo miro a los ojos le sonrió y
le dijo te voy hacer una promesa….
-Una promesa dijo esteban..?
Con amor le dijo la niña -Si. Te
prometo que desde hoy nunca vas a estar solo porque siempre me tendrás a mí. -
Así pasaron ocho años en los
cuales la niña nunca lo dejo solo, un día esteban se armó de fuerza y le dijo
porque durante estos ocho años has estado siempre conmigo?
La niña le cogió la mano y le
dijo simplemente porque el valor de la
amistad es grande y quería estar a tu lado. Esteban no supo que decir y la niña
le dio un beso en la mejilla y se fue.
Esa misma noche sonó el teléfono
era esteban diciéndole -gracias por estar a mi lado y ayudarme a entender que
no estaba solo.-
BELLA LA SIRENA DIFERENTE
Bella era una sirena
de cabellos largos y negros, ojos oscuros como la noche pero al dirigirte la
mirada iluminaban. Había sido la única en tener piel morena y por esta
distinción la querían más, por ser única y diferente. Era la menor de 15
sirenas, con sus hermanas había aprendido a compartir y dar amor a cualquiera
que lo necesitaba.
Un día espiando en el
arrecife vio unos niños humanos que jugaban y se divertían, sintió curiosidad
por esas partes largas que colgaban de su torso. Al volver a casa sintió
curiosidad sobre estas y le preguntó a su padre – ¿papá que son esas cosas largas
que cuelgan de los humanos?- el papá soltó
una carcajada con las ocurrencias de su hija y respondió: esas son piernas hija
mía y es lo que nos distingue de los humanos, pero para serte sincero es más
inútil que nuestra cola.
Al día siguiente bella
volvió y espió los niños que tanto interés le causaban sintiendo cada vez más
curiosidad sobre ellos. – porque yo tengo cola y ellos piernas. Se preguntó la
niña.
Cada día quiso saber más
que hacían y como se divertían, se dio cuenta que tenían juguetes diferentes y a ella le parecían interesantes. Mientras que
ella jugaba con perlas, estrellas y peces.
Un día quiso acercarse un poco más a pesar de que su padre le había
advertido de los humanos.
-Son malvados y despiadados
Bella, son seres desagradecidos y no respetan lo que la naturaleza nos dio-
recordó que su padre le dio, pero su curiosidad pudo más y se acercó más de lo
que había hecho antes.
- Ohh que maravilloso
se ve desde aquí, la tierra es diferente al océano- fue interesante para ella.
En ese momento pasaba
Arturo un niño que por primera vez iba a la playa, estaba encantado con tanta
maravilla y emocionado de descubrir cosas nuevas y así fue al ver a Bella la
niña con los ojos más hermosos que había
visto, quiso acercarse pero Bella se asustó y escapo.
Al día siguiente Bella
se armó de valor y quiso conocer ese niño, afortunadamente el también sentía
curiosidad sobre ella y coincidieron. – Dios no había visto a alguien así- .
Bella le explico lo que era y de donde venía.
Pasaban los días y se
encontraban, jugaban, compartían y se enseñaban cosas cada uno de su mundo. –
quiero que mis amigos te conozcan te van a querer como yo y les vas a agradar-
le dijo Arturo, pero bella no estaba segura porque aun recordaba las palabras
de su padre. – Está bien, dejaré que tus
amigos me conozcan - dijo Bella
Pero lo que ellos no
esperaban era el rechazo que sufrió Bella por ser diferente a los demás. – vete
lárgate fenómeno, devuélvete por donde viniste- . Sintió rechazo por primera
vez en su vida, no supo cómo reaccionar ya que no conocía este sentimiento. En
su reino siempre era querida y admirada por su diferencia, pero en el mundo humano
estas cualidades eran rechazadas. – No entiendo por qué las personas me ven
diferente si siento como ellos y no somos tan diferentes- se preguntaba. No volvió durante varios días a encontrarse
con Arturo a pesar de que el volvía con la ilusión de verla.
La niña decidió volver
por que extrañaba a Arturo y como el buen amigo que era todavía iba para encontrarla, el triste le dijo:
siento mucho lo que paso no pensé que ellos reaccionarían así, no saben lo
maravillosa que eres y lo valiosa que es tu amistad. Por favor dame la
oportunidad de remediar esto, le entregó una hermosa pulsera brillante, pero
ella aun sentía dolor. – hablé con mis amigos y les conté de lo maravillosa que
eres por favor permite que te conozcan y te pidan disculpas. Ella acepto pero
con desconfianza.
Al día siguiente llegaron
todos y hablaron se conocieron y desde ese momento supieron lo parecidos que
eran y la gran niña que era bella. Fue una amistad de verano, pero marco la
vida de cada uno para entender que las diferencias no existen y todos son
merecedores de respeto, aprecio y que el juzgar ra alguien no te hace mejor
persona.
domingo, 9 de octubre de 2016
EL JOVEN QUE
VIVÍA POR LOS DEMÁS
Érase una vez un niño que se llamaba Andrés. Él vivía con su madre Paca y su
hermana Tatis en una pequeña casa a las afueras de la ciudad. Desde muy
pequeño, Andrés amaba ayudar a los demás, lo hacía por encima de cualquier cosa, incluso a
escondidas de su mamá. Todo lo contrario de su hermana, quien se enojaba cada
vez que notaba cerca la presencia de
alguno de los tres amiguitos con los que Andrés amaba compartir su tiempo, sin
importarle lo frágil e inocente que estos pequeños eran.
Andrés, por miedo a que su madre lo
castigara siempre trató de ocultar la
difícil situación que vivían sus amiguitos; pues ellos pasaban por cosas muy
dolorosas. El hambre que sufrían, la incomprensión, incluso el maltrato y
la falta de amor. Hasta el punto de que
ellos debían ir al colegio sin desayuno, con sus zapaticos rotos y mala
presentación. Andrés, al ver a sus tres amiguitos Harold, Javier y Julián, tan
desamparados y desprotegidos los llevaba a la casa, les daba de comer y los
escondía en su habitación.
Un día, llegó su Mamá a la casa,
Andrés se asustó y los escondió debajo
de la cama, pero su hermana, que repudiaba lo que Andrés hacía, le contó a su madre.
Ella se enojó mucho, lo regañó muy fuerte y hasta lo gritó diciendo: ¡Andrés me saca ya a esos niños de aquí!... Andrés muy enojado le dice a su
mamá ¡Si se van ellos me voy yo!
Su Madre, rompió en llanto por la
actitud que estaba tomando su hijo Andrés; se preguntaba ¿En que falle? Mientras
tanto Andrés sale de la casa en compañía
de sus amigos, con mucha rabia en su corazón, especialmente con su hermana a
quien de cariño le llamaba “la ratona”. Ella se sintió muy culpable por el
enojo que había causado entre Andrés y su madre, estaba tan enojada con ella
misma que de un momento a otro salió corriendo detrás de ellos pidiéndoles
perdón. Y decidieron emprender una huida,
lejos de tanto problema.
Hubo un silencio prolongado, que sólo rompió el llanto de la madre. Más tarde, la mamá entró en el cuarto de su
hijo, a lamentarse por lo que estaba pasando, angustiada empezó a revisar las cosas
de su hijo y cuando abrió el armario, encontró unos billetes envueltos en una
camisa y una carta que decía: Mamá, ahí te dejo lo de la comida que gasté
en mis amigos, espero que tú nunca vayas
a sufrir hambre, frío, ni falta de amor,
así como le ha pasado a ellos.
Su madre rompió en llanto, cogió el teléfono y llamó a sus hijos para pedirles perdón y la
oportunidad de hablar. Andrés, triste por lo que pasó le dice a su mamá ¡Yo regreso
pero mis amigos también! Su mamá apenada por la actitud que había tomado y
asombrada por el interés que tenía su hijo al ayudarles a los demás, le dijo
con la voz entre cortada ¡claro hijo tus
amigos también pueden regresar!
Toc toc toc ¿Quién es? Preguntó la madre - Yo, Andrés. La madre abrió la
puerta y lo primero que vio fue el rostro de sus hijos y sus amigos llenos de
tristeza. Ella nostálgica, los invita a pasar. Por unos segundos todo quedó en
silencio. Paca rompió el incómodo momento preguntando: ¿Ustedes están bien? ¿Sus
papás saben que están aquí? Ellos con voz nerviosa contestaron: No, ellos salen
muy temprano y regresan muy tarde. La mamá asombrada les pregunta ¡No puede
ser! o sea ¿A ustedes quién les hace de comer? ¿Quién está pendiente de ustedes?,
ellos tristes respondieron: NADIE. Nosotros nos levantamos y nos vamos al
colegio con hambre, regresamos a la casa y tampoco hay nada de comer. Andrés
con voz entre cortada dice: ¿Vez mamá? ¿Ya entiendes por qué traía a mis amigos
a nuestra casa? Ellos aguantan hambre, sus papas no se preocupan por ellos, y
nosotros gracias a Dios tenemos un
techo, comida y contamos contigo. La mamá conmocionada, con lágrimas en sus
ojos y asombrada por la actitud y la madurez de su hijo, lo abrazó y le pidió
perdón.
Mientas tanto la ratona y sus amigos se abrazaron y sonrieron de felicidad,
Andrés con un suspiro y con una sonrisa en su rostro dijo a sus amigos: ¡Ya no los tengo que
esconder más!…
Fin
Este cuento no contiene ninguna referencia bibliografía debido que fue
creado por una historia de vida real basada en hechos reales en la vida con una
buena enseñanza en nuestras vidas de cómo debemos colaborar y poner un granito
de arena para ayudar a los que lo necesitan.
Elaborado por Lina Paola Gonzales Rodriguez
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